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¿Y si el naufragio es ésto? ¿El desprendimiento de astillas de una proa, sentir en los pies el agua que se está colando entre las maderas? Y es que no hace falta una tormenta para naufragar, porque de tanto andar a la deriva, a tientas, se puede presentir el fracaso. Y ese fracaso, cuando es colectivo, deja sus restos a flote.